Sociología

Cama y libro


 
Una mujer lee un libro en la sucursal de Shinjuku de Book and Bed, en Tokio, Japón. Es un alojamiento combinado con una cafetería-librería, donde los huéspedes pueden dormir en literas ocultas construidas en una gran estantería.

(Foto: Kim Kyung-Hoon)

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Cuidado con la manipulación con mapeo facial

Esta imagen hecha a partir del video de un video falso con el ex presidente Barack Obama muestra elementos del mapeo facial utilizado en la nueva tecnología que permite a cualquiera hacer videos de personas reales que parecen decir cosas que nunca han dicho. Existe una creciente preocupación de que los adversarios de EE. UU. Usen nuevas tecnologías para hacer que los videos con apariencia auténtica influyan en las campañas políticas o pongan en peligro la seguridad nacional.

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Sociedad basura


 
La basura es un gran problema de todos los días y un drama terrible para las grandes ciudades que ya no saben qué hacer con tantos desperdicios que son fuente de malos olores, de infecciones y enfermedades, de contaminación ambiental y de alimañas, además de constituir un problema de recolección y almacenamiento que cuesta mucho dinero.

En los últimos años, la reutilización y procesamiento de la basura a nivel casero, se ha ido organizando de tal manera que llegará el día en que los desperdicios sean fuente de riqueza para las comunidades que los generan.

El hombre empezó a utilizar las materias primas de una forma desordenada. Con la excusa del desarrollo el hombre que explota los recursos naturales más rápido es el que gana más beneficios, el que produce más basura es más feliz, apareciendo el consumismo y el derroche. Esto ha producido la proliferación de insectos, roedores y microorganismos patógenos, trayendo como consecuencia enfermedades catastróficas para el hombre como la peste.

Observando esto se vio que el hombre no podía desentenderse tan fácilmente de las basuras que originaba y ya que no eran un conjunto de cosas inútiles, sino que de ellas se podían extraer materias primas, reutilizables, se empezó a utilizar el término residuo.

La ley de residuos define que residuo es cualquier sustancia u objeto perteneciente a cualquier categoría que figure en el anexo de esta ley, la cual el poseedor se desprenda, tenga intención u obligación de desprenderse. De esta manera se incluye en la ley la responsabilidad que conlleva generar residuos.

La escasez de materias primas así como la protección al medio ambiente son razones para inclinarse por el reciclado, sin embargo de toda técnica de aprovechamiento siempre va quedar algo que no se va poder reciclar, una parte que deberá ser tratada con una técnica de eliminación. También es cierto que las técnicas de aprovechamiento siempre son más costosas ya que requieren de una tecnología más sofisticada y de mayores instalaciones y que la cantidad de basura que se genera es tal que no da tiempo a reciclarla sin evitar que se acumule.

La recogida selectiva, es decir, la separación de los residuos en origen, debe ser promovida por los distintos pueblos, en beneficio del medio ambiente, convirtiéndose en una costumbre el reciclar, de esta manera dejaremos de ser esclavos de nuestra propia basura y podremos no sólo desentendernos de la basura que producimos sino saber que aquello que hemos consumido nos producirá el menor perjuicio posible. El reciclado, así como la recuperación de materias primas, son técnicas necesarias para llevar a cabo lo que denominamos un desarrollo sostenible, sin embargo en el caso de los residuos, como en otros tantos, los intereses de las empresas dedicadas a los tratamiento de basura se contraponen con los intereses de los defensores del medio ambiente, manteniendo a la gente en un perfecto estado de desinformación, adulándoles con la facilidad de arrojar cualquier desperdicio a la misma bolsa, sin hablarles de las consecuencias que ello genera, consiguen un día tras otro beneficiarse de su dictadura del derroche.

Se calcula que cada persona produce una media de 1 Kg. De basura al día. La mayoría de los residuos sólidos urbanos que producimos está constituida por materiales que pueden ser clasificados con facilidad: papel, cartón, vidrio, plásticos, trapos, materia orgánica e inorgánica, etc.

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La risa del Diablo.

Por Alberto del Campo Tejedor

Aunque el diablo ya no esté de moda, algunas fiestas populares entre el uno de noviembre y el Carnaval nos recuerdan la importancia que ha jugado históricamente; en los meses más fríos del año es habitual la proliferación de mascaradas, juegos y rituales festivos en que los mozos, disfrazados de personajes diabólicos, parecen tomar el poder efímeramente, sembrando el caos en el pueblo, fustigando a quien se pone a su alcance, pero también siendo objeto de burla y degradación, teniendo que soportar que la gente les arroje inmundicias, les empujen o les roben los objetos que portan, como cencerros o látigos.

A través de la literatura homilética, los sermones o las representaciones pictóricas y escultóricas, la Iglesia ha retratado al diablo de forma espantosa y terrorífica. El cristiano habría de afligirse ante los cuadros de las ánimas benditas, que agonizaban ardiendo en el purgatorio. Allí los condenados alzaban desesperados la mano a la Virgen del Carmen, mientras las figuras diabólicas avivaban el fuego. En ciertas épocas históricas, esta pastoral del miedo utilizó el diablo para disuadir a los feligreses del pecado e incentivar una vida santa que les llevaría al paraíso eterno. Pero he ahí que en aquellos momentos de más represión, mayor es la frustración de los fieles y más necesarios son los cauces de escapismo, por lo que no es casualidad que coincidan en el tiempo las cruzadas morales y las representaciones burlescas del diablo, en que este aparece representado como un estúpido bufón.

Para difundir las representaciones terroríficas del mal, la Iglesia eligió representar al diablo vinculándolo a ciertas fechas entre noviembre y febrero que, según la concepción cíclica del año, pertenecían al reino de la oscuridad y la muerte. El diablo aparecería especialmente en aquellos momentos de tránsito (solsticios y equinoccios, principios y fines de año, cambios de estación, etc.), y muy particularmente en aquellos días en que las tinieblas habrían de ser derrotadas para dar paso a un tiempo nuevo de luz y esperanza. Así, en los últimos y primeros días del año pugnarían por prevalecer la oscuridad de los días cortos, la muerte, el mal, el diablo, frente a la luz solsticial, la vida, el bien y el nacimiento del Salvador. Esta concepción alentó mascaradas que representaban la lucha de contrarios. El ambiente jocoso de las fechas navideñas, que el cristianismo había tomado de las saturnalias romanas, respondía a la temposensitividad campesina, que también asumía un mundo dicotómico, cuya pugna simbólica en ciertos momentos del año contribuiría no solo a reflejar sino a propiciar el cambio de un estado a otro, de una estación a otra, de un año a otro. Carnavalizadas ciertas fechas, el diablo aparecería como un ser monstruoso que amenaza con desatar un período de inestabilidad y zozobra, pero también este será objeto de burlas y humillaciones, dado que es necesario matar simbólicamente lo viejo, lo podrido, lo sucio, lo tenebroso, para que el mundo renazca renovado. La risa frente al diablo ha constituido, pues, no solo una manera de domesticar el miedo, sino también el elemento vitalista que permitía representar ambivalentemente la muerte, de la misma manera que la subyugación del diablo, mediante fórmulas de degradación carnavalera, sería la antesala del triunfo del bien.

El diablo ha requerido ser representado, por lo tanto, de forma ambigua, a través de disfraces y máscaras estrafalarias, tan terroríficas como ridículas. Para ello, las culturas populares sometieron al diablo a la lógica grotesca de deformación material y corporal, la cual permitía mostrar por igual la corrompida naturaleza humana de instintos bajos y carnales, como también la exaltación del placer más animal. La sexualidad grotesca representa por un lado el voraz apetitito pecaminoso del diablo, pero también recuerda que periódicamente el hombre requiere de ciertas licencias liberadoras en el tiempo extraordinario de la fiesta, que permitan superar el tedio del tiempo ordinario del trabajo. Con el efímero triunfo del mal y el pecado, el diablo instaura una inversión del orden que pone de relieve por igual el lado oscuro y sucio del hombre, como también la necesaria y periódica exaltación de lo bajo y carnal. De ahí que el diablo no despierte solo el terror, sino también la risa liberadora, que habría de desatar las convenciones sociales, tirándolas por tierra, para que de ella pueda renacer el tallo de una nueva vida.

Tal vez esta arcaica lógica no haya desaparecido del todo y explique que aún pervivan aquí y allá fiestas donde el diablo siga haciendo de las suyas por unos días, unas horas, las que dura el necesario delirio festivo.

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Teorías de conspiración


 
En Estados Unidos siempre han existido teorías conspirativas. Son tantas y tan variadas que creer en ellas o desmentirlas se ha convertido en una especie de pasatiempo nacional. Algunas han sobrevivido el paso del tiempo y permanecen arraigadas en la memoria colectiva de la nación. Como la que asegura que un platillo volador se estrelló en Roswell, Nuevo México, y que los restos de la nave, así como los cuerpos de los extraterrestres que la tripulaban, fueron recuperados por el ejército y ocultados en un lugar secreto. O la que afirma que la investigación de la Comisión Warren sobre el asesinato del presidente Kennedy mintió al asegurar que Lee Harvey Oswald había actuado solo y que su muerte se debió, en realidad, a una conspiración de la mafia o del gobierno. O las que sostienen que la llegada a la Luna fue un engaño de la NASA y que el calentamiento global no existe.

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